LA MANCHA

 

Jamás diría que fuiste una mancha.

Ni lo eres, por supuesto.

Ni, por supuesto, lo serás.

 

Pero, a veces, sólo a veces,

me recuerdas a esa mancha,

esa puta mancha imborrable,

de uno de mis pantalones favoritos.

 

Eres todo, menos una mancha.

Pero muy parecida a esa mancha.

 

No se limpia.

Tampoco lo intento.

No tiro la prenda,

simplemente, la tengo.

 

Y cuándo me apetece ponermelos,

miro en el espejo, y ahí está,

la maldita mancha.

 

Es un símil difícil,

pero lo entenderás.

Eres (una mancha) muy lista.

 

 

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