PUERTO SIN SALIDA

Intenso puerto sin salida,

calmado el mar que no rompe

sobre tus puertas de acero.

 

Ningún navío entra

y, el que entró,

no haya partida.

 

No es cosa de dos

sino de sólo uno.

Del vigilante del faro

que decidió derrumbarlo.

 

Sin mano de obra capaz capaz

de rehacer tal deshecho,

colgaron cartel de cerrado,

para los nuevos intrépidos marineros.

 

¿Cuándo abrirá de nuevo?

Sólo el vigilante sabe

y, allá está su cuello,

colgando de aquel árbol.

 

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